"Déjenme decirles, a riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario se guía por grandes sentimientos de amor."
(Ernesto Guevara)

13 dic. 2010

Carta del "Che" a su padre, Cárcel de Gobernación de México (6 de julio de 1956).

Este fragmento de la Carta lo extraje del prólogo del libro “Che, en la memoria de Fidel Castro” editado por David Deutschmann. Sentí una profunda emoción al leerlo, ya que imaginaba el contexto y me situaba en el lugar, tanto el de él, como en el de sus padres. Esta carta es el primer documento en el cual hace referencia a Cuba y a su compromiso con la Revolución. La escribió desde la cárcel, donde no sabía que le depararía el futuro, se despedía de sus padres y al mismo tiempo les hacia enterarse de su futuro ligado a la Revolución Cubana: “O triunfo con ésta o muero allá”, expresó. Espero lo disfruten tanto como yo.

“[…] Hace un tiempo, bastante tiempo ya, un joven líder cubano me invitó a ingresar a su movimiento, movimiento que era de liberación armada de su tierra, y yo, por supuesto, acepté. Dedicado a la ocupación de preparar físicamente a la muchachada que algún día debe poner los pies en Cuba, pasé los últimos meses manteniéndolos con la mentira de mi cargo de profesor. El 21 de junio (cuando hacía un mes que faltaba a mi casa en México pues estaba en un rancho de las afueras) cayó preso Fidel con un grupo de compañeros y en la casa figuraba la dirección donde estábamos nosotros, de manera que caímos todos en la redada. Yo tenía mis documentos que me acreditaban como estudiante de ruso, lo que fue suficiente para que se me considerara eslabón importante en la organización, y las agencias de noticias amigas de papá empezaron a bramar por todo el mundo.
Eso es una síntesis de los acontecimientos pasados; los futuros se dividen en dos: los mediatos y los inmediatos. De los mediatos, les diré, mi futuro está ligado a la revolución cubana. O triunfo con ésta o muero allá. […] Del futuro inmediato tengo poco que decir porque no sé qué será de mí. Estoy a disposición del juez y será fácil que me deporten a la Argentina a menos que consiga asilo en un país intermedio, cosa que estimo sería conveniente para mi salud política.
De todas maneras tengo que salir al nuevo destino, quede en esta cárcel o salga libre. […]
Estamos en vísperas de declarar una huelga de hambre indefinida por las detenciones injustificadas y las torturas a que fueron sometidos algunos de mis compañeros. La moral de todo el grupo es alta.
Por ahora sigan escribiendo a casa. Si por cualquier causa que no creo puedo escribir más y luego me toca las de perder consideren estas líneas como de despedida, no muy grandilocuente, pero sincera.
Por la vida he pasado buscando mi verdad a los tropezones y ya en el camino y con una hija que me perpetúa he cerrado el ciclo. Desde ahora no consideraría mi muerte una frustración, apenas como Hikmet: “Sólo llevaré a la tumba la pesadumbre de un canto inconcluso.” […]”

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